- A 60 pasos de la entrada de la Diócesis de Querétaro, hombres participan en oraciones y rituales del Islam cada viernes.
Saúl Hernández Ruiz / CUPI UAQ
A solo 60 pasos de las oficinas de la Diócesis de Querétaro, centro de la religión católica en la región, se encuentra la mezquita “Alh Sunnah”, donde asiste una comunidad musulmana. Para conocer el lugar, contacté a Jorge Abdul-Iah, el imam de la mezquita y presidente de la asociación civil de musulmanes en Querétaro.
La cita fue a la una en punto, y el imam nos esperaba en la entrada para darnos la bienvenida y mostrarnos las instalaciones.
A continuación, hicimos lo que sabíamos que debíamos: quitarnos los zapatos. En el Islam, hombres y mujeres no pueden estar juntos durante el rezo.
Ella se dirigió al Female Prayer Room.
Yo permanecí en el Male Prayer Room. Noté que no había bancas ni sillas, como en otros templos; todos estaban sobre tapetes que cubrían el suelo, mientras un aroma a incienso llenaba el ambiente.
Ahí conocí al hermano Carlos, con quien hablé durante unos 20 minutos antes de la segunda de las cinco oraciones que realizan todos los viernes. Mi objetivo era romper prejuicios sobre el Islam y aprender algo completamente nuevo para mí.
El hermano Carlos y yo discutimos sobre el Islam y sus diferencias con otras religiones. Notamos una curiosa ironía: a pocos metros de la mezquita se encuentra la Diócesis, un templo católico, y al cruzar la calle, una librería cristiana, todo en la avenida Reforma, en el Centro, cerca de la Alameda.
Luego, me explicó qué es el Islam y sus cinco pilares:
1. La unicidad divina: solo hay un dios y no hay nada que se le asemeje. Ven a Dios como una entidad física.
2. Las oraciones: el musulmán reza al menos cinco veces al día: antes de que salga el sol, poco después del mediodía, en la tarde, al atardecer y en la noche.
3. El ayuno o Ramadán: se realiza durante el noveno mes del calendario islámico.
4. El zakat: un tipo de purificación que implica destinar parte de sus recursos a buenas obras o a quienes lo necesitan.
5. La peregrinación a La Meca: cada musulmán debe hacerla al menos una vez en su vida.
Devoción y unión, pero sin carne de cerdo
Cada viernes, los miembros de la mezquita pasan casi todo el día allí: comen, socializan y rezan.
Llegó el momento del sermón y de la oración. Como mencionó el hermano Carlos, aquello parecía un “banquete de nacionalidades”: había turcos, pakistaníes y apenas unos siete u ocho mexicanos. A pesar de no entender del todo lo que sucedía, el ambiente transmitía una paz y tranquilidad impresionantes.
Observar la devoción con la que oran genera un respeto inmediato. Son personas muy fieles a Alá. Después del sermón y la oración, todos se saludaron y compartieron la comida.
Me ofrecieron carne de borrego con arroz y refresco; me comentaron que no consumen cerdo, lo que me hizo pensar de inmediato: “Tan ricas que se me hacen a mí las carnitas…”, pero las normas de cada religión deben ser respetadas.
Me senté con Carlos sobre los tapetes y conviví con varios hermanos, quienes fueron sumamente amables conmigo, a pesar de no conocerme y de tener una nacionalidad diferente.


La poligamia y la convivencia con la Diócesis
Después de un rato, el imam se tomó un tiempo para responder a mis preguntas. No llegó solo, lo acompañó Mohammad, originario de Libia, quien lleva 26 años en Querétaro y es considerado, según el imam, el primer islamista en la ciudad.
Es un hombre alto, de voz profunda que impone respeto al verlo.
Les pregunté sobre la convivencia con la Diócesis de Querétaro, situada a pocos pasos de la mezquita. Respondieron que es buena y que no tienen problemas con personas de religión católica ni de otras creencias.
El hermano Mohammad mencionó que le gusta ingresar a los templos y ver su interior; incluso puede asistir a una misa, aunque no participa en sus rituales.
Tanto el imam como el hermano Mohammad coincidieron en que los feligreses de otras religiones no tienen inconvenientes con ellos; ambos credos se respetan mutuamente.
Respecto a los prejuicios de los queretanos hacia los musulmanes, el imam destacó que los más marcados son los estereotipos de terroristas y poligamia.
El hermano Mohammad aclaró que se permite tener hasta cuatro esposas, pero bajo ciertas reglas. Una de ellas es que todas deben recibir lo mismo, sin favoritismos; entre risas comentó: si una tiene un Ferrari, ¡todas deben tener un Ferrari!
Después de responder mis preguntas, compartieron más sobre lo que enseña el Islam, el Corán y su perspectiva sobre otras religiones, siempre desde el respeto.
No intentaron convencerme de nada; al contrario, me invitaron a seguir aprendiendo sobre el Islam y otras religiones, lo que amplía mi conocimiento y me ayuda a entender sus prácticas. Tras la charla, pasó a la oración de la tarde.

“El Islam es paz”
Durante mi visita a la mezquita, vi, experimenté y aprendí muchas cosas. Salí con la mente llena de información nueva: comprendí que no todos los árabes son musulmanes, que el país con más musulmanes es India, y que la palabra musulmán significa “sometido a la voluntad de Dios”, entre otros conceptos.
En cuanto al Islam, puedo afirmar que es una religión abierta a quienes desean practicarla. La experiencia fue increíblemente enriquecedora. Me di cuenta de que son personas unidas, hospitalarias y con una calidez que te hace sentir en casa.
Quizás la diferencia más notoria es que hombres y mujeres no están juntos, a diferencia de lo que estamos acostumbrados a ver. Comprendí que existen muchos prejuicios y que, al acercarse, se descubre que gran parte de lo que se dice no es cierto.
Finalmente, después de conversar y convivir con varios hermanos musulmanes por un buen tiempo, me quedo con una frase del imam que creo resume lo que es el Islam, lo que vi y lo que experimenté ese viernes: “El Islam es eso, es paz”.
Con información de: updateme.news
